domingo, 29 de julio de 2012

Trucos para generar contenidos creativos y vender nuestra marca en las redes sociales


Para nadie es un secreto que la creación de anuncios y encabezados, se convierten en el punto central de interés por parte de un lector hacia un contenido textual. Crear buenos contenidos es fundamental para el éxito de un blog, una publicación o cualquier manifestación textual que se desee dar a conocer.

En el mayor de los casos, no se hace necesario ser un gran copy o un excelente redactor para generar contenidos creativos, y que éstos se masifiquen. Basta solo con seguir estas pequeñas recomendaciones:

-Publicar en sitios conocidos, o de confianza: “creer es un acto de fe” y es muy difícil que la gente crea en algo que no conoce. Es por eso que se hace ideal publicar en un portal que tenga una base fiel asegurada. Si es un nuevo blog, se trata en construir una buena reputación.

-Aprovechar los momentos de atención: hay ciertas horas del día que se convierten en motores automáticos de divulgación de la información. Analizar nuestro público objetivo; saber apuntar y saber bombardear para dar a conocer nuestra información.

-Originalidad en el contenido: salirse de paradigmas, dejar vocabularios toscos y vacíos; para convertirlos en letreros luminosos de información llamativa.

-Arriesgarse a la prueba, fallo y modificación: no hay experiencia más efectiva que la propia.

-No perder la constancia: uno de los principales errores ante las publicaciones en redes sociales es perder la perseverancia ante la ausencia de resultados. La dedicación es fundamental para generar un ruido atrayente en el público. Esto genera nuevo número de seguidores que son beneficiosos para la marca.

miércoles, 4 de julio de 2012

La gráfica como manifestación de la cultura en el medio


La publicidad y las manifestaciones de ésta son, en su mayoría, quienes han determinado la forma de consumo por parte de los grupos sociales, las familias y el individuo como tal. Toma un papel prioritario en el momento de la compra o de la recordación de un producto determinado en la mente humana.

El uso de la gráfica y la publicidad como medios de expresión, han tenido un papel muy importante en la historia, ha trascendido; sus modificaciones han sido muy cambiantes desde su origen hasta la forma de percibirlo actualmente, tanto por la evolución en la forma de creación, distribución y concepción de los mensajes, como por el desarrollo en el conocimiento acerca de las reacciones y, las conductas de quienes son intervenidos con los diferentes tipos de manifestaciones publicitarias.

El uso del lenguaje, los gráficos y la misma esencia como tal del mensaje, hacen propender al receptor a inclinarse en cierto tipo de reacciones que, en su mayoría, son las responsables de generar una alteración cerebral inconsciente que tiene como resultado el consumo del producto ofertado.

La industria de la publicidad, es la encargada de generar mensajes con intenciones persuasivas, que logren convencer, que generen ventas, posicionamiento y reconocimiento por parte de un público, que en su mayoría tiende a ser objetivo; pero que en el momento de trascender en los receptores de los mensajes, es ampliamente involucrada una gran parte de la comunidad. A partir de elementos propios del desarrollo del arte de una pieza gráfica, se podrían determinar factores como el público objetivo y el objetivo del mensaje.

Lo que escribo encuentra su sentido en el problema mismo de la representación de la gráfica popular. Se es influido por ella como construcciones propias del arte y percepciones de si misma. Construcciones que anteceden la gráfica y la publicidad como generador de elementos significativos y de sentido, independiente de algún carácter técnico que en él se haya formado o deba hacerse.

La publicidad no es un tipo seriado comunicativo que se determina simplemente por las consecuencias, sino que dentro de este, se ve un progreso de acciones que indican la comprensión del proceso y el esfuerzo que se genera por entender que debe de realizar el destinatario o receptor del mensaje, para que ante este se genere el estímulo necesario de comprensión y entendimiento.

El receptor es realmente el evidenciador de una práctica publicitaria efectiva, en donde su carácter de pasividad tiende a hacerse evidente, poniendo en juego su actividad para revelar una serie de actuaciones propias que lo llevan a consumir.

Consumir o no por parte de un individuo, se ve influenciado por la forma en la que se codifica el mensaje para llegar a él. No es lo mismo decir que se pretenden vender alimentos en donde su fachada este pintada rústicamente, y compararla con otra de la misma naturaleza pero, con la variante visual de que  ahora no estará pintada, sino que tendrá un aviso luminoso que llama mucho más la atención.

El receptor es, en su mayoría, una persona orgullosa, en donde la comunicación hacia él debe ser compleja, pero tan entendible que pueda ser procesada y entendida. Los mecanismos cognitivos ayudan a una fácil elección, y captan objetivamente partiendo del gusto visual, cuál debe ser la selección adecuada para su consumo. El individuo capta y selecciona la información; información que interpreta de acuerdo a sus intereses personales, que influyen actitudes, deseos, conductas, e incluso, su formación. En este momento es evidente el desarrollo cultural y la comprensión del medio que el individuo trae y desarrolla consigo.

Todo esto podría definirse como una adquisición de símbolos y signos, que según su manifestación, está el sujeto predispuesto a entenderlo.

El desarrollo publicitario, forma parte del desarrollo cultural, ya que como entes de progreso, establecen claros fines económicos y de crecimiento. Sin embargo, está inserta en un complejo entramado de significados, por ende transmite cultura a través de ciertas formas simbólicas expresadas en sus mensajes.

Pero entonces ¿cómo se debe entender el quehacer en la creatividad publicitaria dentro de estos gráficos? ¿Cuál es la función del publicista y/o creativo como emisor de mensajes simbólicos dentro de culturas específicas? ¿Cómo aprehender estas formas simbólicas para representarlas en los mensajes publicitarios? ¿Y cómo es posible crear mensajes acordes a las estructuras culturales que se comportan como fundamentos?

El conocer al mercado, a través de una investigación de mercados, ha sido un productor de crecimiento y genera una necesidad de entendimiento en adjudicación de un mensaje. La necesidad de parte del mercado por conocer quién y cómo hacer para que consumieran sus productos, desarrollan de esta forma un tipo de conocimiento, categorizándola y conceptualizando cada uno de sus elementos. De ahí que se entienda al mercado “como un grupo de personas, que se pueden identificar con base en una característica, interés o problema común, que podría ser el producto para su provecho, que tendría capacidad para comprarlo, o al que es posible llegar usando algún medio.” Siendo el manejo de los entes culturales, los focos centrales de juicios y reconocimientos.

lunes, 25 de junio de 2012

¿Preparados? ¿Listos? ¡TLC!


Por estos días rondan con mucha más fuerza estas siglas en medio de tanta congestión  y tráfico social: TLC. El Tratado de Libre Comercio se ha convertido en una carrera (aparentemente) a favor del movimiento económico; es quizá uno de los mayores aciertos que los consumidores han podido ver en el gobierno actual.

La sociedad tiene un afán adquisitivo muy grande, que los lleva a aceptar y tolerar las cosas tal y como lleguen, con el fin de ser ellos (aparentemente) los beneficiados al momento de las compras, y lo que genere para ellos un gasto y ahorro de dinero.

A cualquier individuo que se aborde y pregunte en la calle sobre una función básica del TLC, tendrá como respuesta algo similar a: “llegaran las cosas más baratas, vamos a poder comprar más, nuestra calidad de vida mejorará notablemente” Pero no todo lo que brilla es oro y “de eso tan bueno no dan tanto”

No se sabe bien el porqué de las cosas. Pero lo que sí se sabe, vale suponerse o, debe considerarse, son los objetivos por los cuales pasan. Resulta cuestionable que justo el día en el que comienza a regir el “famosísimo” y luchado Tratado de Libre Comercio en Colombia, se revuelque la sociedad a motivo de actos violentos en contra de personal gubernamental. Aquí no se está hablando de derecha o izquierda; se está involucrando al gobierno en asuntos sociales y de convivencia.

En sus indicios, aparentemente el responsable intelectual y material de los dos hechos que hicieron cambiar la mirada un día tan histórico para el país, fue LAS FARC. Pero no solo se  está hablando de una alteración de orden público con fines terroristas. También el trasfondo de estos acontecimientos involucra la intención de desestabilizar el margen económico y político establecido hasta ahora con el actual gobierno.

Pero aquí no se trata de retomar temas escándalo, sino intentar entender el fondo de las cosas.
Colombia no está preparada para una normativa de este tipo. Comenzando porque estructuralmente no está en capacidad de incrementar su flujo de ingreso de mercancía en los puertos centrales de manejo, ese retraso estructural también involucra las vías al interior del país; ¿por qué no preocuparse primero por la movilidad y el fortalecimiento interno, para luego tener una imagen firme y solidificada que venda una apariencia más convincente de lo que hay ahora? Independiente a eso, ¿qué hay de los microempresarios? Sí, es muy factible que puedan iniciarse procesos de exportación, ¿pero mientras eso pasa qué? ¿Le tocará disminuir el costo de sus procesos y su mano de obra? ¿Y qué será de aquellos que no cumplan con el millar de requerimientos para exportar?

Primero hay que analizar lo que se tiene y mejorar las cosas defectuosas que se vean necesarias corregir; con esto se busca tener la seguridad de lo que se tiene y con lo que se va a competir. Evitando que cualquier inconveniente no irrumpa como el gran acabose y genere un desequilibrio social, económico y político tan luchado por mucho tiempo.

El TLC tranquilamente puede resultar como una estrategia gubernamental priorizada sin sentido, y no, en ese enfoque social que Colombia necesita para el desarrollo. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

La magia de Internet... cuestión de lenguaje y relaciones.


Para nadie es un secreto el desarrollo tecnológico que la historia ha traído consigo; ni mucho menos se hace desconocido el manejo y la evolución que genera Internet ante el lanzamiento, posicionamiento y sostenimiento informativo que puede generarse de una marca. Incluso, para todos es una realidad, que podría convertirse en el arma que sentencia el fracaso y la mala imagen de una agencia, empresa o compañía.

Visto desde una perspectiva global, manejar e impulsar información desde los medios digitales se convierte en una tarea fácil que cualquier persona está en facultad de realizar. Pero el lenguaje digital manejado traspasa las posibles concepciones que el público en general no sabe que existen. He ahí donde está la magia, las letras son el núcleo que genera el mayor vínculo de toda interacción.

Y con toda la seguridad podría referirme a eso que estoy mencionando, como: “hacer que la marca hable”. Generar en nuestra organización un ente aparte del personal humano que la conforma, para convertirlo en ese relacionista público digital efectivo. Obviamente que todo esto va acompañado de una optima capacitación del personal.

No es lo mismo una relación personal que una relación digital. En el primer caso se pueden concluir fácilmente las reacciones que a lo largo de un dialogo se generan en la otra persona y hacer cambios automáticos en el discurso para retomar su atención e interés. En la segunda mención, refiriéndonos a las relaciones digitales, el hacerse notar se convierte en una lucha con el mismo medio, en una batalla constante mucho más directa con la competencia y en ese terreno ya transitado de marcas y bombardeo de publicidades. El consumidor virtual de ahora mucho más exigente, pero esto tal vez es infundado por la saturación de información a la que se ve expuesto.

Las actividades de redacción y todas esas labores que involucren manejo textual, son el espejo constante y permanente de la imagen de la empresa, valen tanto como ese mismo deseo por mostrar calidad, firmeza y compromiso. Un buen lenguaje acompañado de una buena ortografía, son el pilar fundamental para la consolidación de una buena imagen en la red.

Un buen lenguaje no necesariamente implica ese conjunto complejo de términos técnicos académicos que demuestran lejanía con el público promedio; pero tampoco es sinónimo de igualarse en jergas y términos propios de grupos sociales, ya que este punto es crucial para determinar la seriedad, firmeza y compromiso de una empresa ante el consumidor.

Internet es un mundo mágico, se encuentra lo que quiere y se desecha lo que no sirve. Podría compararse con un supermercado: ingreso, veo, me gusta, compro, o, ingreso, veo, no me gusta, al lado puede haber otro mucho mejor.

La notoriedad de nuestra marca en la red implica un trabajo complejo en equipo; involucrando un nivel elevado de análisis, cuestionamiento de lo que se hace y un óptimo desempeño por parte del grupo de apoyo. Pero las cosas no llegan hasta ahí, se hace necesaria una malicia digital que se
logra partiendo del aprendizaje de la experiencia y las reflexiones constantes y meticulosos de los comportamientos que el consumidor demuestra.

Todo el grupo de trabajo debe velar por la funcionalidad, buena apariencia y aplicabilidad de nuestro sitio, y buscar la forma de que el posicionamiento en la web sea tal, que se convierta en esa marca propia capaz de vender con letras lo que el consumidor quiere y necesita.

domingo, 8 de abril de 2012

El vacio de la experiencia

¿Acaso los años de práctica y desempeño de una labor, son dignos de mostrar la calidad, talento y desenvolvimiento en las tareas a desarrollar en el ámbito laboral?

Ante los ojos ajenos o de quienes se encargan de evaluar el personal para el ingreso a las empresas, agencias y compañías es muy posible que sí. Ya que partiendo de esto es que se determina la seguridad y confianza a generar para lograr ese vínculo armonioso y necesario ante el empleado para sugerirle las actividades a realizar.

La experiencia es una se secuencia de vivencias que no determinan en su totalidad el nivel de desenvolvimiento laboral. ¿De qué sirve una lista de experiencias en múltiples compañías si la permanencia en cada una de ellas ha sido marcadamente transitoria? El nivel de experiencia no determina en su totalidad la calidad del trabajo.

¿Cuántos trabajadores se despiden de las compañías sin razón aparente? ¿Cuántos otros no ruedan de empresa en empresa buscando una posición y reconocimiento? Tal vez la experiencia no sea más que un complejo mental socializado, o tal vez puede resultar en ese valor agregado que se le da a nuestros actos laborales.

Es muy posible que por la ausencia de la misma, se llegue a un enfrentamiento interno sobre la toma de decisiones para proponer ideas nuevas o dejar de hacerlo ante un grupo de trabajo; e incluso incursionar en el mundo laboral puede convertirse en una labor tediosa. Ser un diamante en bruto favorece enteramente a las empresas, porque ellas pueden moldear al empleado a su gusto y querencia; pero, ¿hasta qué punto favorece esta situación un crecimiento personal/laboral en cada individuo?

No sé hasta qué punto la experiencia sea un limitante en la seguridad y dinamismo que se le pueda dar a las ideas o determinaciones propias. Y cuando digo “no sé hasta qué punto” me refiero a ese lugar no existente entre el estilo personal y la variabilidad del medio y sus tendencias; y las inclinaciones que cada individuo pueda y deba tener para acomodarse en el entorno.

De qué parte se quiere o debe estar, ¿de ese lado lleno de letras en la hoja de vida que demuestran recorrido empresarial? O tal vez de ese otro lugar escaso y sobrio que va directo al grano en cuanto a labores a desempeñar y conocimientos manejados.

No se sabe cuál de las dos es mejor o peor, no se sabe que demuestra mas, si el correspondiente desempeño en una labor ó esa mutabilidad empresarial.

¿Será efectivo tener un mar de conocimientos de un centímetro de profundidad?

No lo sé... que lo diga la experiencia.

martes, 17 de enero de 2012

Activismo estético y revelación visual


La publicidad y el comercio ligan y desligan; se convierten en una reacción de actuaciones propias del subconsciente humano en su afán por trascender y querer generar cambios positivos para ellos y su entorno. Trascender en apariencia y estilo de ver la vida. En lo común de los casos, y sin rodear tanto el tema; se trata en definir un estilo propio, comprender que la estética no es solo apariencia y que la moda podría resultar única y exclusivamente un cliché invisible quienes están esclavos a ésta.

Este artículo básicamente se fundamenta en una opinión muy personal sobre la estética, el estilo y los ámbitos en los que la moda define y distribuye ideas. Y en una vista a plano abierto, trata acerca de todo eso que los ojos ven y el bolsillo siente.

Entender que no hay otro camino para evadir la situación acerca de las precepciones de las marcas y los impulsos psicológicos ante ellas, es una idea inconmensurable. Todo se basa en los cambios que la sociedad ha concebido dramáticamente en estas últimas décadas. Cada vez es mucho más evidente que los seres públicos se están convirtiendo en peones pro-consumo y en unos masificadores de complejos en la vida privada.

Como todos bien sabemos, las tendencias de moda son repeticiones, y no solamente de ropa; también de accesorios, estilos de vida y actitudes. Pero esas repeticiones se ven muy ligadas a ciertas diferencias visuales que hacen cambiar la percepción de las cosas y de quien las porta. Para ser más explícitos en el tema. Es la misma silla, pero pintada de otro color. Sabemos para qué sirve y como utilizarla, pero tiene ese valor agregado de atrayente visual lo que la hace peculiar y agradable.

Todo hace parte de una gran tras escena. En donde la manera de comprender el entorno, el sistema y la forma de distribución masiva de ideas, se hace fundamental para llegar a un criterio propio y unas definiciones claras y concretas acerca de quiénes somos, cómo nos vemos y cómo nos ven.

El estilo propio no es más, en este momento para muchos, que una serie de indecisiones personales. En donde manda el prototipo de la tienda de ropa y el jugador de futbol del comercial de televisión. 

Generar un sentido crítico es lo que nos hace participes de los cambios en las percepciones sociales. Pero aquí no todo el que opina es el que sabe, ni mucho menos quien es criticado esta en el error. Se trata más bien de esa relatividad de ideas y esa confrontación definitiva ante la propia mirada.

El poder de los intermediarios por controlar criterios (me refiero a la publicidad) en donde se involucran mucho mas la información ruidosa, se hace con el único objetivo de que las partes más importantes sean olvidadas. A qué me refiero con “las partes más importantes”. La respuesta es clara y con un ejemplo concreto en donde no voy a nombrar marcas, sino que voy a mencionar la estrategia que generalmente se maneja: rueda el comercial; y seguramente se ve una de estas dos situaciones, la satisfacción automática que genera la posesión de determinado producto, o la comparación de lo que es la vida con o sin él.  En torno a esto gira la mayoría de las campañas publicitarias, pero... ¿hasta qué punto esa vendida apariencia tiene y debe de acoplarse a lo que es la vida cotidiana? ¿Tiene o no que ver esto con nuestra valoración de las cosas y el criterio formado para nuestra vida? ¿Qué tanta importancia le damos a las apariencias sabiendo que ellas no son quienes actúan en nuestro complejo laboral? 

Aunque bueno, esta última pregunta yo también me la cuestiono. No nació en vano ese comentario generalizado de “respuesta de reina”. Ellas son las que venden apariencia, no conocimientos.

Tal vez seamos aves dominadas por el consumo o una colmena transportada por una nube de apariencias.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La satisfacción del deber cumplido


¿Qué es la satisfacción del deber cumplido?, ¿cuándo sabemos que hemos cumplido un deber?, ¿qué hacer después de creer haberlo hecho todo?, ¿cómo saber interpretar las reacciones de nuestros clientes?

Muchas preguntas giran en torno a esto, y es muy posible que lleguemos a pensar en una connotación política e incluso policial, pero sin embargo no deja de ser una “ley” aplicable a todos los aspectos de la vida. Ahora bien, generalmente la idea principal que se ronda por nuestro cerebro al mencionar esto es el bienestar que nos ocasiona saber que hemos terminado algo. Que lo hemos terminado bien. Y si, resulta siendo eso, pero como todo, hasta las más mínimas cosas tienen trascendencia en el tiempo, y este tipo de situaciones no se escapan de esto.

 “La satisfacción del deber cumplido” es tranquilidad, alegría, equilibrio, bienestar y es esa euforia característica que nos queda luego de haber hecho algo. Ésto sin mencionar el cansancio y todas esas consecuencias físicas que requiere un gran trabajo y un buen esfuerzo; también nos genera, algo a lo que yo definiría como: las no  necesariamente ganas de volver y repetir, sino mas bien, las ganas de trascender; dentro de nosotros se siembra un deseo de crecimiento y progreso, ganas de evolucionar y traer con nosotros nuevos retos para afrontarlos con muchas más ganas que el anterior y con esto, obtener muchos mejores resultados para nuestra vida laborar y personal.

Todos, independiente de que nos llamen creativos, comerciantes, diseñadores, docentes, publicistas, administradores, mercaderistas, etc; estamos ligados y de alguna forma obligados (dependiendo de las ganas y el nivel de crecimiento que se quiera tener) a tomar un camino emocional, a ver las cosas desde una connotación humana; tanto para desempeñar nuestra labor, como para afrontar nuestra vida personal. Y teniendo en cuenta que, de alguna forma, la influencia de la una hacia la otra determina nuestra calidad de vida y la forma con la que afrontamos las cosas.

Todo en la vida se trata de hacer las cosas por pasión, con gusto, dedicación e interés. Interés por recibir una remuneración; si, es real, uno no trabaja para que lo vean. Pero no siempre se trabaja por la consignación en la cuenta o el cobro del cheque. Las remuneraciones más valiosas no son las económicas. Y puede que suene a frase de cajón, o  a típico manejo del lenguaje para la superación personal, pero, en este caso no me refiero a esa  remuneración humana económica y superflua, sino a ese pago intangible pero satisfactorio que un cliente pueda darte, es quizá ésta una de las grandes cosas por las que se aprende a trabajar sin esperar que tan lleno va a quedar después tu bolsillo y es  esa sonrisa ajena acompañada de esa característica mirada a los ojos que te dice: “buen trabajo, muchas gracias” y saber que ésto te hace sentir “La satisfacción del deber cumplido”. 




lunes, 5 de diciembre de 2011

Juguemos a las emociones… Pero que sean emocionalmente informativas.

Como bien sabemos, las cargas emotivas son el elemento principal para la recordación de muchas cosas que cotidianamente vivimos. Como ejemplo más cercano podría hacer la siguiente analogía muy conocida por todos: es mucho más posible si en este momento te pregunto algo como, ¿qué hiciste en alguna parte del día del 11 de septiembre de 2001? Me lo respondas con más certeza que si te pregunto algo como, qué camisa te pusiste el mismo día de hoy, pero la semana pasada.

¿Esto a qué se debe? Es sencillo, nosotros los humanos como bien decimos, somos seres racionales, pero hay mucho en esas tres palabras en las que nos equivocamos. Bien, somos racionales, pensamos y entendemos de forma lógica y coherente muchos de los aspectos de la vida; pero, al momento de abordar diversas situaciones, nos convertimos en sujetos emocionales, propensos a cambiar conductas, actitudes y decisiones dependiendo del caso concreto al que nos estemos enfrentando y según la carga emocional que este conlleve.

Partiendo de esto es que llegamos al uso de la memoria. ¿Por qué recordamos con mayor exactitud lo que paso un 11 de septiembre de hace mucho tiempo, y no la ropa que utilizamos la semana pasada? Aparte de ser sucesos de orden mundial, está ligado enteramente a una masa emocional que en torno a esto se generó. Hablamos de la vida y las manifestaciones de ésta, y de ciertas actitudes que llevan a la limitación de la misma en actos poco usuales y en cantidades considerables.

Cambiemos la página, y dejemos a un lado este aire de cierto dolor y tristeza. Y refirámonos a una marca muy conocida por todos; el simple hecho de mencionarla nos genera felicidad, sed, frescura y… ganas de ir a la tienda a comprarla: CocaCola®. ¿Qué es CocaCola®?, ¿Quién es CocaCola®?  la marca que nos quita la sed, el calor y sacia muchos de los deseos de sus clientes. Pero, ¿a qué se deben estos comportamientos y actitudes de fidelidad y compromiso por parte de los clientes hacia la marca?

CocaCola® ha realizado muy bien su trabajo, y pese a muchas críticas ha logrado sobreponerse a ellas y logra que su apariencia siga siendo familiar y cercana a las personas.

En mi concepto, hasta el momento siento que no ha habido alguna que se halla hecho notar, como un elemento cercano al público, humano y emocionalmente activo en sus campañas publicitarias. Esto se debe al buen equilibrio racional y  emocional que tiene en muchos de sus anuncios. Nada más, y no muy lejano está un comercial muy conocido por todos, en donde hace pequeñas comparaciones de acciones negativas del mundo con factores positivos, como lo son los buenos momentos y la compañía agradable de una amistad.

“Hay Razones Para Creer En Un Mundo Mejor” y hay muchas más razones para creer que el trabajo realizado por CocaCola® ha sido efectivo en la cercanía y buen concepto en que se pueda tener esta marca ante la gente.

Para dejar de lado a CocaCola®, a continuación adjunto dos de sus propuestas, que para mi, han logrado dejar un legado en la historia de la publicidad.

Este comercial fue realizado en Bogotá, con una temática muy curiosa, tomar un trancón típico de la ciudad y hacerlo más ameno para la gente, convirtiéndolo en un Autocine.



Y este otro, fue realizado en una universidad de Londres. ¿Qué se podría esperar? para mi concepto supera muchas de las expectativas propuestas por esta marca, aparte que realiza una integración e interacción social en torno a su nombre. Y bueno, ni hablar de las emociones que genera.



Las actitudes de un cliente hacia el anuncio dependen de las circunstancias en las que el mensaje llega a él. Nosotros los creativos, diseñadores gráficos, publicistas y demás carreras a fin, debemos de darnos el lujo de sentirnos personas antes sujetos con todos esos títulos mencionados y lograr con esto que nuestro trabajo sea aceptado y se vea reflejado en la recordación de marca que estemos deseados en generar.


Por qué se habla tanto de los índices de pobreza y no se trabaja mejor en cambiar consciencias

No se trata de convertir este blog en una mescolanza de ideas, pero lo que si pretendo lograr es generar un sentido analítico, crítico e interrogatorio sobre las cosas que se pasean por nuestras narices y que muchos de nosotros pasamos desapercibidas, también quiero servir como influencia para generar criterios propios acerca de lo que está pasando.

Bien, es muy posible que ninguno de nosotros este en la pobreza absoluta, supongo que estás leyendo esto desde tu teléfono móvil o por lo menos estas sentado frente a una computadora, lo que implica una inversión propia de la maquina, y el pago constante de los servicios públicos domiciliarios. Y aunque no sea el caso, también se da la opción de que estés pagando por el servicio en una sala de Internet, lo que también implicaría un gasto de aproximadamente dos mil pesos, dependiendo de la duración. Dos mil pesos que para muchas familias se convierte en dinero de subsistencia diaria.

No quiero generar existencialismos sobre las pertenencias que tenga  cada uno, ni una solidaridad que ha partido de la lastima hacia aquellos que tienen menos que nosotros. Pero lo que sí quiero hacer notar es el cambio de conciencia que debemos tener ante lo que somos y lo que queremos ser.

Los titulares de muchas noticias en este momento son referentes al tema, en donde con voz alegre y exaltada se muestra una disminución de la pobreza, una disminución, que a mi concepto, es mínima; pero esto tiene felices a economistas y los mismos colombianos.

Esto me da pie para nombrar un artículo con el que hace unos meses me topé y me genero cierta curiosidad la certeza con la que se hablaba y el realismo que se trataba:

¿Por qué Colombia no pudo aprovechar los años de bonanza para aliviar la pobreza? ¿Por qué este país con instituciones públicas mucho más sofisticadas que las de Guatemala, más urbanizado que Bolivia y con un sector empresarial más pujante que el de República Dominicana, está con ellos en la cola de América Latina, en materia de pobreza? ¿Por qué después de haber más que duplicado su gasto público social (del 5,9 por ciento del PIB en 1990 al 12,6 por ciento en 2008) no consigue que esto se traduzca en menos pobres?” (Revista Semana)

Colombia en si no tiene nada que ver con el problema, el problema aquí radica en todas y cada una de las personas que activamos la economía del país. Los empresarios se empeñan en mejorar la calidad en sus productos, alivianar el costo de la mano de obra y obtener mejores ganancias; logrando con esto, que su sector se fortalezca, muy bien hasta ahí; pero mientras esto pasa, la otra cara de la  moneda se ve obligada a reducir el costo de su mano de obra, a buscar otras alternativas laborales para poder subsistir y es ahí donde comienzan a ejercer el trabajo informal, lo que supuestamente ha rebajado y se ha convertido en empleo formal.

Por que habiendo tanta inversión social, tanto capital extranjero y tanto dinero levitando en el tiempo, la población solo se limita a trabajar sus ocho horas diarias, ¿acaso el resto de su tiempo no vale?

Tenemos una cultura llena de pereza y con falta de iniciativa, donde entre menos esfuerzo nos cuesten las cosas mejor, donde queremos que sea mágico el proceso del llegar a ser alguien. Criticamos y criticamos, pero no hacemos nada para corregir las cosas, ni siquiera tenemos una mínima intención de generar un cambio de conciencia.

A mi parecer y quizá el de muchos (espero que así sea), China es un país muy pobre, está poblada por millones de personas, no tienen recursos naturales, no tienen minas ni de carbón ni de piedras preciosas, ¿en donde podrán cultivar flores?, no tienen hacia donde mas expandirse mas que hacia arriba… China es tan pobre que es por eso que todos los ciudadanos se ven obligados a trabajar, a pensar, mirar el mundo y hacerlos creer en las necesidades que tiene, y partiendo de ahí, satisfacerlas. Por eso es que deben ser una gran potencia. ¿De donde traen las maquinas para los agroindustriales colombianos? ¿Acaso no estamos cansados de leer “Made In China” en todo lo que compramos?...
Por que digo esto, porque aun nosotros teniéndolo todo para ser uno de los países más desarrollados y estables económicamente no hacemos nada, y ellos que no tienen nada (me refiero a recursos naturales) pretenden lográndolo todo. En la mentalidad china no hay pereza, no hay límites. Mientras que entre las prioridades colombianas se encuentra como primicia el día de descanso, un día que para muchos “es sagrado” mientras que para otro tanto de extranjeros es un día más para producir, un día mas para ganar, un día mas para tener la ventaja.

Que tanto mejoraría el nivel de vida si no nos diera pereza trabajar, si mentalizáramos los días como puntos fijos de progreso. El hecho no es trabajar toda la vida, hay tiempo para todo, el tiempo es dinero, gánate el tiempo e inviértelo en descanso, no todos los días son de descanso, pero tampoco toda la vida es de trabajo.

Quitémonos de una vez la palabra pereza de la cabeza a ver si por fin logramos salir adelante y hacer que esos índices de pobreza se conviertan en realidades reflejadas en progreso.



martes, 29 de noviembre de 2011

Cuentapropia, independiente o Freelance para los mas estirados.

En el mundo del Diseño y la Publicidad es muy común encontrar determinados por estos términos a personas que se dedican a trabajar desde… cualquier parte menos una oficina con un jefe a la vista.

Hace unos cuantos días sucedió algo muy curioso. Me dio por generar un cambio en mi perfil de Facebook, poner en la información de Formación y empleo algo como “Freelance Graphic Designer”. Hasta ahí todo normal. Ahora aquí viene lo curioso: un muy buen amigo, administrador de empresas él, me hizo un comentario en un tono alegre y exaltado que decía algo como: “… Veee! y vos ya estás trabajando? Esa empresa se me hace conocida!!!...”

Yo quede atónita por unos segundos y en incógnita constante mientras procesaba la información; durante esos segundos me preguntaba “Cómo es posible que me pregunte esas cosas. No es demasiado evidente?”. Bien, como lo pude ver si era posible que me preguntaran esas cosas y al parecer no era tan evidente. Procedí a explicarle de una forma poco trascendente la definición del término para que pudiera comprender. La conversación culminó en un par de sonrisas. 

Lo que no culminó fue la intriga que genero en mi tal pregunta, hasta tal punto de estar escribiendo sobre ello. Pero bueno, aquí no voy a escribir sobre la definición de un término, sino la trascendencia social y personal que esto tiene y representa en la actualidad. 

Antes, cuando escuchaba a alguien mencionar el término “independiente” me imaginaba a quien no tendría jefe, ganaba menos de un salario mínimo y le tocaba salir a “rebuscar”. Ahora, siendo yo quien se determina de esa forma, me doy cuenta que no se trata de eso, ninguna de las anteriores definiciones es aplicable. Es real, no se tiene un jefe, se tienen infinidad de jefes, cada cliente es uno de ellos, con su temperamento e ideas diferentes, queriendo diseñar el mundo tal como lo tiene su cabeza y no como el mercado lo requiera, con sus “cursilerias” y “mañesadas” siempre presentes; se puede ganar muchísimo menos que un salario mínimo, es más, ni se puede ganar, como también se gana mucho más de lo esperado por algo que de alguna forma no está estipulado de esa forma, todo depende de cómo manejemos las cosas y a quien se las manejemos.

Cuando incursioné en el mundo laboral, y más propiamente de forma independiente, fue de una forma muy natural y casi desapercibida a grandes rasgos. Y es real que uno comienza por esas pequeñas cosas, para llegar a las grandes; los primeros trabajos son pruebas que te miden que tan productivo y “cotizado” laboralmente quieres llegar a ser. Se trata en hacer las cosas con gusto, con pasión y toda la dedicación del caso, aun sabiendo que ese pequeño trabajo que estás haciendo no va a ser visto (posiblemente) por muchos ojos, pero si se logra la satisfacción de un cliente, ya se ha logrado mucho; recuerde que “un cliente satisfecho es el mejor anuncio”.

El voz a voz aplica y es efectivo casi en un cien por ciento en el trabajo como Freelance. Las pequeñas y medianas empresas buscan soluciones automáticas, que muy pocas agencias están interesadas en satisfacer en la rapidez que ellas las requieren, o que posiblemente la empresa no puede ni quiere pagar. Es por eso que nosotros “Los Freelance” nos vemos en el deber, más que en la obligación, de convertirnos en una solución rápida y efectiva para esos problemitas gráficos y publicitarios que son el pan de cada día para estas empresas en crecimiento.
Pero antes de ser los actores de soluciones, tenemos que ser los generadores de constancia y dedicación. Ser Freelance no significa trabajar en casa, sin bañarse y con el ordenador lleno de cuanta cosa haya en la casa, tampoco significa dormir todo un día y hacer las cosas en esos “raticos” libres. 

Una de las principales reglas (para mí) que debe tener un buen Freelance, es el orden, la limpieza y la buena distribución del tiempo. Bien, no tenemos un jefe a la vista, pero si muchas cosas por hacer, y no netamente de trabajo. Debemos de devorarnos el mundo, salir, conocer, montar en bus, recorrer las calles, conversar con desconocidos y ver en esas salidas cotidianas que un afiche o un volante no es lo que el mundo publicitario requiere ahora. 

Manejar el tiempo, saber a qué horas se debe comer, tomarse una pausa para descansar, e incluso, así suene poco precavido, darle parte de tú tiempo a un cliente; hacer una postal y enviársela como saludo un día cualquiera o bien, si la relación lo permite, invitarlo a tomar un café y conocer más de él y las necesidades que tiene. 

Para ser un buen Freelance basta con sobrepasar las barreras del sentido común, y convertirse en un espejo mágico ajeno, en donde los problemas gráficos de afuera se vean reflejados en ti como solución.